“Aterrado, Julio César Mondragón se echó a correr; al otro día apareció sin rostro.” —La Jornada

Un cuerpo

sin piel

sin ojos

sin boca

una calavera

que nos toca

nos mira

nos grita

“No me olviden”

desde un charco en la acera

“No me olviden”

desde un pueblo en miseria

“No me olviden”

desde que el tiempo es tiempo

levantado

acallado

amordazado

desaparecido

humillado

lastimado

muerto

“No me olviden”.

 

 

 

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